Expulsión de los judíos

Sin lugar a dudas, el establecimiento de la Inquisición el 1 de Noviembre de 1478, trae como consecuencia la supresión del judaísmo, que para algunos autores, sorprende la tardanza en llevarse a cabo, precisamente por la situación social del momento.

Pero vayamos por partes, hay que tener en cuenta que los Reyes Católicos estaban en contra del judaísmo, pero no de las personas. Aunque probablemente se sintieran defraudados por el escaso número de judíos que acudieron al bautismo que se expone en el famoso decreto de expulsión de 1492. Pero en un principio no fueron hostiles hacia los judíos, de hecho, hay varios documentos que lo demuestran, pero quizá el más significativo sea la carta de 6 de Septiembre de 1477 en la cual, declaran a todas las aljamas bajo su salvaguardia.

A partir del año 1480 es cuando esta actitud empieza a cambiar. Las razones no están claras, porque son muchas. Lo primero es que se dan cuenta de que el intento de conversión pacífica no ha funcionado. Además, la Inquisición, probablemente exageró la noción del peligro a la que estaba sometida la Fe católica, ya que afirmaba rotundamente que el problema radicaba en el contacto entre judíos y cristianos.

Para solventar el problema se ponen en marcha algunas medidas como, por ejemplo, la segregación de las aljamas respecto a los núcleos de población en que se hallaban instalados, para así hacer más difícil su contacto con las gentes cristianas.

A pesar de todo esto los Reyes Católicos trataban de frenar los odios populares hacia los judíos.

El problema que surgió principalmente de la segregación de las aljamas, fue el abuso de normas y prohibiciones, por parte de las autoridades municipales, donde siempre una norma era suplantada por otra que superaba en dureza a la anterior.

En el verano de 1481, el prior de Zaragoza, Miguel Ferrer, desobedeció a la reina Isabel (que ya contaba con los amplios poderes que Fernando le había entregado en Calatayud) que anteriormente había prohibido a las autoridades de Zaragoza, que ellos mismos realizaran la segregación. Aprovechando la ausencia de la reina, ordenó a los judíos recluirse en una antigua aljama muy estrecha, prohibiéndoles, además, tener ventanas hacia las calles cristianas.

Cuando Fernando se entera, monta en cólera y ordena desde Barcelona, la inmediata anulación pública del pregón. Los miembros del consejo ordenan la anulación de las órdenes del prior, pero no condenan la actitud de éste.

Este ejemplo y otros como las amargas quejas que provenían de Segovia, cuando los reyes Católicos prohíben en 1482 incluir a los judíos en un repartimiento de dinero con destino a la guerra de Granada, porque consideraban que las aljamas ya contribuían pagando pesados impuestos. Demuestra de alguna forma, que el sentimiento de animadversión hacia los judíos, en aquellos tiempos, partía de la propia sociedad cristiana.

Mientras tanto la Inquisición sigue insistiendo, en que el gran problema de la existencia de tanto hereje, era la convivencia entre judíos y cristianos.

Los judíos son vistos como huéspedes y no naturales del país. Pero que se les permite la estancia en éste, por un acto gratuito de benevolencia, argumentándolo a menudo, con la esperanza de que, viendo a los cristianos, se conviertan.

Los reyes Católicos siendo muy conscientes del mal económico que provocaría la prohibición del judaísmo, ya que pagaban grandes sumas en impuestos, siguen adelante son su decisión. La unidad de Fe les parecía un bien demasiado grande para sacrificarlo a intereses materiales.

Lo que sucede es que, quizá, en contra de lo que se esperaba, el pueblo de Israel da un ejemplo altísimo de solidaridad y de conciencia religiosa. Y elige, casi en masa, las amarguras del exilio.

Quiere decir que, en la práctica, el decreto de 1492, que tendía a la supresión del judaísmo, se traduce en la expulsión de los judíos.

Efectivamente, los judíos arrastraban desde mucho tiempo atrás, el menosprecio de los cristianos. Pero se produjo el lamentable y desgraciado incidente del martirio del Santo Niño de la Guardia (que muchos autores aseguran que fue un hecho inventado, puesto que no hay apenas pruebas que lo justifiquen). Se acusó a dos judíos y seis conversos, todos vecinos de la localidad de la Guardia, de asesinar a un niño en un ritual para que les librase de la Inquisición.

Fuese real o no este trágico suceso, produjo un fortísimo escándalo en la sociedad cristiana y muy probablemente, influyese en gran medida, sobre la decisión final.

Yehuda ibn Tibon - DSC 2488

Juanje 2712 / CC BY-SA (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)

El decreto de 1492, es firmado por los reyes Católicos en Granada, el 31 de Marzo. Este decreto daba a los judíos residentes en sus reinos, el plazo de 4 meses para abandonarlos, que además se cumplió con precisión matemática, ya que Torquemada, añade 9 días para compensar la tardanza en ser publicado.

El decreto contemplaba que los judíos tenían que abandonar el país llevando consigo todos sus bienes, pero sujetándose a las leyes del reino, que prohibía la salida de oro, plata, monedas, caballos y armas. En el decreto se menciona la forma más cómoda para llevar sus bienes consigo, convertirlos en letras de cambio.

Durante el plazo dado se declara a los judíos bajo seguro real.

La expulsión no era forzosa, recordemos que los judíos tenían la opción de aceptar el bautismo y fundirse con la población cristiana.

Pero queda claro que la mayoría de los judíos prefirieron el destierro, a pesar de que son muchos los documentos que demuestran que lo que realmente querían conseguir los reyes Católicos, era la conversión. De hecho, el bautismo de 3 de los hebreos más importantes que fueron, Rabí Abraham, Abraham Seneor y su yerno Mayr, se celebró con toda la pompa el 15 de Junio en Guadalupe, como si se tratase de una gran victoria. Además, se condona a los conversos del condado de Luna, una vez bautizados, una deuda de setecientos mil maravedíes, que tenían cuando aún eran judíos.

En el momento en que Abraham Seneor abraza el cristianismo, su puesto directivo pasa a Isaac ben Yudah Abravanel. El negoció directamente con los reyes Católicos en Granada, donde contaba con la amistad, aún influyente de Boabdil. Los reyes Católicos no le guardaron rencor por su fidelidad al judaismo, sino que al contrario le proporcionaron protección y la autorización de sacar mil ducados de oro y joyas por el puerto de Valencia, a pesar de que las leyes lo prohibían.

Así, queda patente que el deseo de conversión en que los reyes Católicos depositaron su esperanza, se torna más bien, en un ensalzamiento religioso por parte de los rabinos, que anunciaban que así, como Dios había sacado a Moisés de Egipto, también les ayudaría a ellos.

El siguiente problema fue el de convertir los bienes en letras de cambio, hecho que recayó en manos de banqueros, principalmente italianos, que inflaron los intereses de aquellas operaciones. Igualmente, los cristianos se aprovecharon de la venta de las casas de los judíos, que conseguían a precios ridículos.

No se sabe el número de personas que emigraron, pero se suele hablar de un intervalo muy amplio de entre ciento setenta mil y cuatrocientas mil almas, así que, es difícil hablar de un número exacto.

Lo que si se sabe, es que fueron muchas las penurias que encontraron por el camino. Algunos cruzaron a Portugal, donde se les cobraba 8 cruzados a cambio de un permiso de estancia de 8 meses. Para más tarde acabar siendo vendidos como esclavos. Otros se embarcaron en los puertos de Cádiz, Málaga y Cartagena, iban con destino a Marruecos. En el norte, embarcaron en el puerto de Laredo con rumbo a Inglaterra y Flandes. Los que embarcaban en los puertos de Valencia y Barcelona se dirigieron hacia Italia, Turquía y la península de los Balcanes principalmente.

Hay que decir que la mayoría de cronistas castellanos coinciden en el mal trato que se les dio a estas personas.

Muchos de los que se fueron hacia el norte de África volvieron para hacerse bautizar, por lo que además, podían recuperar sus bienes.

Tal y como nos cuentas las crónicas, “Desnudos, descalzos y llenos de piojos. Muertos de hambre y muy mal aventurados, que era dolor de los ver” “ Ved qué desventuras, qué plagas qué deshonras…vinieron por el pecado de la incredulidad”

El reflujo de judíos que volvían principalmente del norte de África, termina en 1499 por una pragmática de 5 de Septiembre que declaraba que todos los judíos capturados en España, aunque no fuesen peninsulares, serían condenados a muerte. Salvo que hubiesen sido bautizados o, desde más allá de las fronteras, manifestasen por escrito su deseo de ser cristianos.

Autora: Lara Franch

Realejo Atardecer

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