Granada y su lucha contra las epidemias

Al echar la vista atrás podemos comprobar cómo las epidemias no son cosa del pasado remoto. Granada supo de epidemias y de cómo  tratarlas. A l largo de la historia nuestra ciudad se ha enfrentado a epidemias de gran magnitud.

La terrible “peste negra”, conocida en España como la “gran mortandad”,  asoló Europa en el siglo XIV. Esta epidemia  mató un tercio de su población, y retrasó el progreso de Europa durante cerca de dos siglos. La sífilis hizo estragos en la ciudad poco después y originó la construcción de unos de sus edificios monumentales más emblemáticos y sin embargo menos conocidos: el Hospital Real.  El hospital de San Juan de Dios tuvo su propio departamento para tratar el “mal de bubas” o  las “fiebres tercianas”.

Posteriormente la ciudad fue muy perjudicada por epidemias de cólera y el tifus. La fiebre tifoidea  llegó a considerase endémica en la ciudad de Granada.  Esta enfermedad afectó a celebres granadinos como nuestro poeta Federico García Lorca. La última gran epidemia que arraso la ciudad fue la terrible” gripe española” de 1918. Los granadinos se enfrentaron a ella con una mezcla de espanto, resignación e ingenio.  Llamaron a esta enfermedad “Soldado de Nápoles” al ser tan pegadiza como la famosa canción zarzuelera del mismo nombre.

Pero Granada supo enfrentarse a estas desgracias, a veces con gran a perspicacia e inteligencia.  Este fue el caso del visir de la Alhambra Ibn Al Jatib, considerado uno de los primeros médicos en describir acertadamente la naturaleza de la peste bubónica. Las recomendaciones de este médico de la corte nazarita evitaron una gran mortandad en el reino de Granada.

La ciudad tuvo además  dos universidades donde se educaron los médicos musulmanes y los cristiano: la Madraza y la Universidad Carolina respectivamente. Estos  médicos trataron los males según sus particulares y curiosos enfoques, siempre deudores de grandes médicos de la antigüedad como Hipócrates y Galeno.

Siglos mas tardes los aguadores granadinos fueron esenciales para la contención de ciertas enfermedades infecciosas.  Fue el pragmatismo de los aguadores el que evitó la propagación del  tifus. El peligroso bacilo se ocultaba en las infectadas cañerías de los aljibes musulmanes. Los aguadores evitaban su propagación al acudir directamente a los manantiales originales.

No faltaron tampoco las supersticiones y las ideas absurdas para combatir estos males que hoy nos resultan sorprendentes. Se recurrió también a un nutrido grupo de santos que se consideraban protectores contra cada una de estas enfermedades. Fueron frecuentes las procesiones de imágenes sacras para detener las epidemias, así como el sonido de las campanas tanto para ahuyentar  la peste  como para anunciar a los nuevos difuntos.

La ciudad conserva aun huellas de aquellos traumáticos sucesos en lugares tan variados con el Albaicín, el interior de la Catedral, el Hospital de San Juan de Dios o el Hospital Real.

Acompáñenos a conocer la interesante historia de Granada en su lucha contra las epidemias a lo largo del tiempo.

Autor: Antonio Bonilla

Hospital Real I

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