Guerra de las Comunidades

El 23 de abril, a nivel nacional pensamos en el día del libro, pero en Castilla y León es la fiesta de la comunidad autónoma y muchos tararearán la versión que hizo el grupo segoviano de música folk Nuevo Mester de Juglaría del romance Canto de Esperanza o de los Comuneros del poeta leonés Luis López Álvarez y que empieza:

“Mil quinientos veintiuno,

y en abril para más señas,

en Villalar ajustician

quienes justicia pidieran.”

Pero ya en el Siglo de Oro, Cervantes y Quevedo hacen referencia a los Comuneros en sus obras.

La revolución comunera tuvo lugar en la Meseta Central entre 1520-1522. Los antecedentes hay que buscarlos en la muerte del emperador Maximiliano en 1519. Su nieto Carlos I quiere hacerse con el cargo y necesita recursos económicos para ello.

El rey Carlos I convocó Cortes en Santiago y Coruña en 1520, donde se aprueba la subida de nuevas cargas fiscales. Los nobles castellanos se manifiestan en contra y crece el recelo contra los nuevos cargos ocupados por nobles y clérigos flamencos en la Corte, produciendo una pérdida de poder entre los nobles castellanos. Este descontento fue transmitiéndose a las clases populares.

La revuelta comunera quiere buscar una alternativa al trono en la reina Doña Juana, encerrada en Tordesillas argumentando su discapacidad para tal fin.

Se producen alzamientos en contra del poder Real en Toledo, Ávila, Toro, Valladolid, Salamanca, Segovia … destacando como líderes Juan Bravo, vecino de Segovia, Padilla de Toledo y Maldonado de Salamanca.

El rey, enseguida mandó tropas para sofocar la revuelta y con ello empieza la Guerra de las Comunidades terminando prácticamente en la batalla de Villalar el 23 de abril de 1521. Allí decapitaron a los tres líderes comuneros: Juan Bravo, Padilla y Maldonado. El movimiento comunero se mantuvo en Toledo hasta 1522 gracias a María Pacheco, esposa de Padilla.

Los Comuneros en Segovia

La revuelta de los comuneros tuvo una gran repercusión en la ciudad, marcando un antes y un después desde el punto de vista económico, político y social.

Segovia a principios del siglo XVI era una ciudad industrial, donde acuden con frecuencia los reyes al Alcázar.

Los segovianos en su mayoría apoyan la revuelta comunera, destacando familias como los Buitrago, siempre con Juan Bravo a la cabeza. Desde el poder Real se ordena sitiar Segovia; sitio que será levantado gracias a los ejércitos comuneros de otras ciudades. El poder Real ordena utilizar la artillería de Medina del Campo contra Segovia, pero los medinenses se niegan. El enfrentamiento entre estos y los soldados del Rey provocará un incendio en Medina, destruyendo gran parte de la ciudad.

Actualmente en Segovia, la plaza con más encanto está dedicada a Medina del Campo y presidida por la estatua de Juan Bravo, del artista segoviano Aniceto Marinas. Dicha estatua se colocó ahí recordando los 400 años de la revuelta.

Pero el nombre de Juan Bravo y su espíritu, está presente en calles, bares, teatro… Segovia participó de manera activa apoyando a los comuneros, estos utilizan como cuartel la antigua catedral de Santa María situada enfrente del Alcázar. La Catedral sufre tremendos daños y es en 1525 cuando, el ya emperador Carlos V propone al cabildo la construcción de una nueva Catedral.

Durante la visita llamada Patrimonio de la Humanidad también veremos los escudos picados por orden de Carlos V, la casa donde vivió Juan Bravo y de quién era descendiente su esposa María Coronel.

No puedes dejar de venir a descubrir la huella de los comuneros en Segovia, ya que Segovia es Imperdible

Autora: Segovia Imperdible

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