La lonja de Valencia: el templo del Comercio

La lonja de Valencia o lonja de los mercaderes es sin lugar a dudas una de las joyas de la Corona de la ciudad. Un lugar único, emblemático y patrimonio de la humanidad por la Unesco desde 1996.

Está situado en el corazón del centro mercantil de la ciudad, justo delante del impresionante mercado central. Se puede decir que es un imprescindible, un lugar único para todos aquellos que visitan Valencia y que se debe. Sus muros nos cuentan innumerables historias, nos advierten de los peligros de la vida mundana y nos invitan a ser mejores personas con su interesante iconografía.  Desde el exterior su elegante diseño nos recuerda a un templo gótico, su piedra labrada proveniente de cantería cercanas a la ciudad de Valencia dota al edificio de una belleza que no deja indiferente.

Fue construido en quince años como reza la cartela de la sala columnaria, donde se invita al buen comercio, desde 1483 a 1498, este lugar es único en todos los aspectos.

Debemos viajar a los tiempos de prosperidad del Reino de Valencia, finales del siglo XV. Por aquel entonces, la ciudad se enriqueció desarrollándose tanto demográfica como comercialmente gracias en parte a la seda, las transacciones mercantiles, el fortalecimiento de los gremios, el poder de la nobleza y la burguesía.

La ciudad por aquel entonces poseía unos 75.000 habitantes, lo que nos indica la importancia de la misma.

Etimológicamente la palabra lonja responde a la tipología de “loggia” italiana, edificio abierto por uno o más lados, sustentado por arcos o columnas. Las lonjas o logias de comercio eran lugares donde se reunían comerciantes, artesanos, banqueros para realizar sus menesteres sin sufrir las inclemencias del tiempo.

Anteriormente en la ciudad de Valencia, existía sobre 1341 una Llotja del Olí , en la plaza del Dr. Collado. Ante el crecimiento de la ciudad, los jurados decidieron comprar unos terrenos por 3.575 libras aproximadamente, y así es como nació la actual lonja.

El edificio se compone de tres cuerpos, dos de ellos la Torre y la Sala de Contratación constituyen propiamente la Lonja de los Mercaderes, el tercero construido sobre 1506 es el Pabellón del Consulado del Mar.

Si observamos el edificio tanto desde el exterior como el interior, descubrimos la evolución estética en los mismos. Siendo los dos primeros de estilo gótico y el tercero una mezcla de gótico y renacimiento, culminando en un remate claramente plateresco.

La sala de contratación, punto más importante del edificio, es un lugar mágico con una superficie de 35,60 metros cuadrados por 21,39 metros cuadrados y una altura de 17,40 metros.

Su planta salón llena de columnas y semicolumnas helicoidales culmina en una bóveda de crucería que simula un palmeral mediterráneo. Los nervios de las columnas se abren al llegar al techo para convertirse en las nervaduras de las bóvedas, queriendo representar simbólicamente un paraíso o cúpula celeste.

El techo de la bóveda estuvo pintado en origen, por el maestro Martí Girbes, de color azul con estrellas. Las claves de las mismas y los nervios se pintaron de verde, pan de oro y rojo.

En sus claves, unas 97, encontramos figuras de santos, cada santo corresponde al patrón de los gremios valencianos de la época y escudos de la ciudad.

Curiosamente llama la atención una nervadura en forma de soga trenzada enlaza en referencia al gremio de los sogueros (fabricantes de cuerdas).

A su vez una impresionante cartela que rodea la sala reza en latín:

“Inclita domus sum, annis aedificate quindecim gustate et videte concives quoniam bona est negociacio que non agit dolum in lingua quae iurat proximo et non decepit quae pecuniam non dedit ad usuram eius mercatores sic de gens diviciis redundabit et tandem vita fruetur eterna.”

“Casa famosa soy, en quince años construida. Compatricios, comprobad y ved que bueno es el comercio que no lleva el fraude en la palabra, que jura al prójimo y no le falta, que no da su dinero con usura. El mercader que así haga rebosará de riquezas y después gozará de la vida eterna.”

Debemos pensar la importante actividad que se llevaba a cabo en la misma sala, donde hasta en una época se llegó a comerciar con esclavos.

La lonja habla: habla la piedra labrada de la llamada puerta de los pecados donde algunos historiadores señalan la presencia de algunos pecados capitales, repitiéndose a menudo el pecado de la lujuria, representado por acróbatas, figuras desnudas, etc.

Hablan los capiteles, las ménsulas,las gárgolas, habla la historia del lugar y los eventos acontecidos en él, llegando a celebrarse hasta una boda real.

Podría adentrarme mucho más en cada rincón del edificio, desde la capilla, la torre o los detalles. Pero prefiero contártelo “in situ”, porqué no necesitaría varios artículos para hacerle justicia.

Eso sí, deciros que en la planta superior del Consulado del Mar se puede observar un impresionante artesonado  realizado por Juan de Poyo entre los años 1418 y 1455. Una auténtica maravilla, compuesta por 670 piezas que ni el rey Alfonso el Magnánimo, quiso perdérselo desplazándose expresamente a Valencia para ver este artesonado cuando estaba situado en la Casa de la Ciudad.

Así que ven y descubre todo aquellos que aún queda por contar, porque la Lonja de la Seda es una maravilla para nuestros sentidos.

Autora: Vanesa Chirivella Viana

Guía oficial cv 671 e historiadora del arte

www.guialocalvalencia.com

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