La música en la Semana Santa de Sevilla

Notas con aroma a incienso

Los meses de primavera son sin duda los meses de Sevilla. Ya en marzo, a veces en abril, celebramos la semana grande, la Semana Santa, unos diez o quince días antes de la tan famosa Feria de Abril.

Más allá de sentimientos religiosos, la Semana Santa es una fiesta que activa nuestros sentidos. Con la vista disfrutamos de la plástica de las procesiones: calles y plazas adornadas para ver pasear tallas religiosas dignas de los mejores museos; nazarenos con túnicas, capas y capirotes de colores y tejidos diferentes; el balanceo de costaleros que imprimen una danza cadenciosa a los pasos cuyo peso van soportando.

El olor a azahar de los miles de naranjos que pueblan nuestras calles se funde con el aroma del incienso, para inundar nuestro olfato. Los niños elaboran pelotas multicolores con la cera que recogen de los cirios de llamas temblorosas, para acariciarlas y sentir su tacto.

aguas cristo banda
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Incluso el gusto tiene su festín, con las torrijas y otros dulces propios de la época. Pero sin duda, nuestra Semana Santa no sería tal sin el gran regalo de la música para nuestros oídos.

La música cofradiera en Sevilla va más allá de una simple música folclórica, ceñida al marco en que se desarrolla la festividad, pues está presente gran parte del año en la vida de muchos sevillanos.

Gracias a ella, muchos jóvenes se han animado a ingresar en el conservatorio para aprender a tocar los más variados instrumentos, e incluso hasta cuentan con listas de Spotify, algo bastante inusual para estilos musicales tradicionales y tan ligados a unos días concretos.

Además, las bandas sevillanas de Semana Santa han alcanzado tal nivel de calidad musical, que incluso son llamadas para tocar a lo largo y ancho del país haciendo disfrutar a muchos con sus marchas.

Pero, ¿cuál ha sido su evolución? Los orígenes de la incorporación de instrumentos musicales a la Semana Santa nos remontan al siglo XVI cuando algunas cofradías iban acompañadas por dos clarines llamados “trompetas dolorosas” cuya función consistía en anunciar la detención o la reanudación de la marcha de la procesión.

saeta semana santa sevilla
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Sin embargo, se desconoce en qué momento la presencia de acompañamiento musical evoluciona hasta que aparecen las primeras marchas. Los primeros registros documentales provienen de finales del siglo XVIII, apareciendo la denominación de “marchas fúnebres” para esta modalidad musical. Es en el siglo XIX cuando empieza a haber mayor implicación de compositores y se crean obras más elaboradas e incluso dedicadas a algunas imágenes en concreto.

A principios del siglo XX, se produce un giro en la música procesional al incorporar temas más joviales y orientados a acompañar las tallas de las vírgenes, es la llamada “música de palio”. Posteriormente, y de forma paulatina, esas marchas procesionales se fusionarían con la de carácter militar dando lugar a una mayor presencia de cornetas y tambores.

Paralelamente al desarrollo del arte de los costaleros para “pasear” las imágenes, y alrededor de los años setenta, empiezan a elaborarse y seleccionarse marchas que pudieran acompañar aquellos movimientos. Así, se crean y eligen marchas específicas para una imagen u otra, y aún más, para momentos y lugares particulares de forma que toda la procesión luzca armoniosamente.

Por otro lado, no podemos olvidar aquellos desfiles procesionales de carácter más fúnebre y solemne que apenas tienen acompañamiento musical o incluso no tienen. Un total de 29 pasos no son acompañados por marchas: 14 de ellos procesionan rodeados del silencio más absoluto y otros 15, se acompañan de música de capilla, -normalmente formada por un oboe, un clarinete y un fagot-, o niños cantores. Aunque pueda parecernos contradictorio, estas procesiones dan “sonido al silencio”, de manera que en la ausencia de música se realzan sonidos como el andar de los costaleros, dando la sensación de estar escuchando las pisadas de las propias imágenes.

La música de nuestra Semana Santa adquiere un protagonismo especial cuando el silencio es roto por una saeta, la expresión del flamenco en esta festividad. Sus orígenes provienen de las Coplillas de los Padres Franciscanos en los siglos XVI y XVII, que, a su vez parecen estar inspiradas en los cánticos de los muecines para llamar a la oración en las mezquitas y en las salmodias judías, y que a principios del siglo XX se adaptan a la música flamenca. La saeta es un canto sin acompañamiento musical, cante por seguiriyas o martinetes habitualmente, que se realiza desde los balcones, a pie de un paso o que sale directamente de entre las filas de quienes asisten a la procesión. Es una de las expresiones más profundas y emotivas de la religiosidad popular.

En definitiva, la música cofradiera en la Semana Santa sevillana constituye un auténtico tesoro artístico y apreciarla en vivo en sus distintas variantes es una experiencia difícil de olvidar.

Autor: Pablo Góngora, Guía Oficial de Turismo de Sevilla

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