Los retratos en la sociedad cortesana (I)

¿Qué es un retrato[1]?

Cuando visitamos un museo de arte, hay un género de pintura que puedes encontrar en casi todos ellos. Nos referimos al retrato. Estas obras no sólo son pictóricas; también podemos hallar retratos en grabados, miniaturas, esculturas, medallas o joyas.

Aunque parezca sencillo tratar de definir lo que es un retrato, es una cuestión compleja. ¿Lo has intentado? Permítenos que compartamos contigo lo que han dicho algunos historiadores del arte al respecto. Luego, tú sacas tus propias conclusiones.

Podríamos decir que el retrato es, en general, la representación, a través de la imagen, de un parecido referido a la identidad de la persona representada (Joanna Woodall). Es un objeto cultural “a través del cual los individuos y los grupos sociales se representan y se perciben a sí mismos a partir de unos mecanismos que permiten acercarnos a sus aspiraciones” (Marcia Pointon).

La historia del retrato es tan extensa como la historia de la pintura. Nosotros, en este breve artículo, estamos describiendo los retratos producidos durante los inicios de la Edad Moderna española.

Fig.   Alonso Sánchez Coello. La Infanta Isabel Clara Eugenia (1579). ©Museo Nacional del Prado (Madrid).

Fig.   Alonso Sánchez Coello. La Infanta Isabel Clara Eugenia y Magdalena Ruiz (1585-1588). ©Museo Nacional del Prado (Madrid).

Es importante atenernos a ese matiz porque el retrato “funcionó” de maneras diversas dependiendo de la época y lugar donde fuera exhibido. No es lo mismo observar un retrato burgués flamenco que un retrato de corte castellano o toscano. Además, debemos recordarlo, esas sociedades eran, en algunos aspectos, muy diferentes a la nuestra; en otros, muy similares. Tratemos de imaginar un tiempo en el que las personas se conocían (es decir, se identificaban unas a otras) casi exclusivamente a través del contacto personal o de los “retratos” literarios o epistolares. Sólo en contados casos se tenía la suerte de saber cómo era otra persona a través de su imagen (pictórica, esculpida o impresa). ¡Qué diferente a una época en la que vivimos inmersos en un universo visual, rodeados de imágenes de nosotros y de los otros! Esto nos ayuda a calibrar el valor que tenían estas obras dentro del contexto. Te proponemos que, mientras hablamos de los retratos de los siglos XVI y XVII, vayas pensando si hay similitudes con lo que significan, para ti, las fotos que tú y tus amigos compartís en Instagram o Facebook. En la retratística naturalística, que se desarrolla a partir del siglo XV, se representa la apariencia fisionómica en relación a la identidad de una persona viva, o que vivió alguna vez. La imagen representa a miembros de un estamento[2] privilegiado (nobleza y clero) o a un linaje, dentro del ambiente cortesano, del cual el retratado, con sus modales y costumbres, es un fiel representante. Según evolucione la incipiente economía capitalista y se desarrolle la burguesía (principalmente en la Europa Septentrional), la práctica cultural de retratarse comenzará a ser adoptada por el estamento no privilegiado. El retrato juega un papel crucial en los procesos de emulación intra e inter estamental.

[2] El concepto de clase, a menudo utilizado por la historiografía, resulta anacrónico en el contexto sociocultural de los reinos hispánicos de los siglos XVI-XVII.

La semejanza fisionómica e idiosincrática, el nombre, los accesorios y el contexto son, todas ellas, estrategias empleadas por los artistas para afirmar la identidad y transmitir el carácter de los representados.  Asimismo, la presencia de atributos simbólicos (columna/realeza, silla/trono, mesa/despacho, cortina/baldaquino) se emplea para significar a los miembros de la realeza. Estos elementos serán paulatinamente asumidos por la nobleza de menor rango. El recurso al parecido es la estrategia más empleada en el arte occidental (Jean Borgatti). Aprovechamos para recordarte que no existen retratos sólo en el arte occidental. Debemos aprender a ser cautos y no hacer generalizaciones: un retrato europeo del siglo XVI no comparte los mismos códigos que un retrato africano de la misma época.

Fig.   Alonso Sánchez Coello. Retrato de Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela (ca. 1575). ©Museo Nacional del Prado (Madrid).

Un retrato es una re-presentación, un deseo de volver a hacer presente lo ausente, hacer al sujeto distante en el tiempo o espacio, eternamente presente. ¿Y por qué razón deseamos perpetuar la presencia de alguien? Las razones son múltiples; el deseo de ser retratado o de retratar a alguien obedece a razones personales, políticas, rituales o sociales. Desde los orígenes míticos de la retratística occidental -relatada por Plinio-, retrato y memoria forman un tándem.

En lo que respecta al conflicto entre decoro-belleza-parecido, la sempiterna tensión entre verismo realista e idealización, cada sociedad cortesana asumirá sus propias elecciones estéticas, dándose interesantes divergencias formales. En el caso específico del retrato de corte español se impone el realismo pero sin olvidar los pertinentes retoques. ¡Por supuesto que se empleaba el “Photoshop” en aquella época! El retrato perfecto, explica Miguel Falomir, buscaba la conciliación de la verosimilitud (imitatio) con la apropiada representación de la majestad (decorum) empleando, si se requería, la dissimulatio. Resaltar la positivo, minimizando los defectos, no se consideraba un falseamiento de la realidad

Hemos mencionado la inclusión de accesorios y contexto en la representación del modelo. Piensa, por ejemplo, que la moda, la etiqueta o la asignación de roles de género son mecanismos que el poder empleaba para subjetivar a las personas, para “sujetarlos”. Por ello, ante un retrato, no sólo nos enfrentamos a la representación de un ser humano sino a un modo de ser en una sociedad determinada y al funcionamiento, en su seno, del poder. En un próximo artículo hablaremos de los usos y funciones que asumieron los retratos a lo largo de su extensa biografía cultural.

Autor: Gerardo Rappazzo Amura
Guía oficial de turismo de Madrid Nº 654 (2001)

[1]Todas las imágenes que ilustran este artículo de divulgación tienen el Copyright ©Museo Nacional del Prado. Su descarga y posterior uso está autorizada por tratarse de “publicaciones sin fines de lucro, sitios web personales, blogs y medios sociales”.

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