Los retratos en la sociedad cortesana (II)

Usos y funciones de los retratos

En un artículo anterior hemos comentado que los retratos funcionaban como sustitutos directos de sus modelos, representando su identidad. Los retratos, como actualmente nuestras fotografías en las redes sociales, no permanecían estáticos. Transitaban por muchas manos desde que salían de los pinceles de un artista; transitaban por los mismos circuitos donde se distribuían el poder, los privilegios y la riqueza. Por ello, los usos y funciones del retrato varían según el contexto en que fueran exhibidos.

Uno de los usos más extendidos era la difusión de la imagen del poder soberano. También formaban parte de las negociaciones para alcanzar acuerdos matrimoniales dinásticos y, por supuesto, para conmemorar y caracterizar diversos eventos y etapas de un reinado (fundamentalmente con retratos en medallas, monedas o tapices acuñadas o tejidos para la ocasión). A través del retrato se buscaba provocar el amor y la reverencia debidos al señor, antepasado o pariente. Piensa qué poco han cambiado estas funciones de la imagen. Incluso hoy en día se sigue ligando con fotos tuneadas y editadas. La imagen media entre las relaciones sociales.

Fig.  1 Alonso Sánchez Coello, Los Infantes Don Diego Félix y Don Felipe de Austria,  1579. Monasterio de las Descalzas Reales (Madrid).

Fig.  2 Sofonisba Anguissola o Alonso Sánchez Coello, Retrato de la infanta Catalina Micaela, ca. 1573. Colección privada.

Volviendo a la Edad Moderna, la razón de ser de estas imágenes era en realidad representar modelos que fueran dignos de amor, honor, respeto y autoridad (Woodall).

En los círculos cortesanos de la Europa del siglo XVI la función primordial del retrato era servir como “herramienta contra el olvido” (Jenkins). Este tipo de imágenes perpetuaban la memoria de nuestros seres queridos, difuntos o distantes, y traían asociados un ramillete de sentimientos. Pensemos qué diferente sería la visión de un retrato de un infante muerto por parte de sus padres respecto de la nuestra cuando lo vemos colgado en las paredes de un museo. ¿Recordáis que mencionamos que el retrato es un artefacto cultural? Precisamente una de sus características definitorias es que a través de su ciclo vital, de su biografía artística, la imagen se va metamorfoseando. Sigue siendo físicamente la misma pero sus significaciones simbólicas varían.

María Kusche resalta la función representativa que todo retrato aristocrático posee e incide en que sus esquemas rígidos son expresión de las leyes del comportamiento de clase resumidas en ceremoniales cortesanos.

Permíteme que siguiente a grandes investigadores como Kusche o Bouza, sintetice una serie de funciones profundas, de algunas de las cuales ni retratado ni retratista son necesariamente conscientes: 

  1. Brindan información actual. Esto significa que fijan y conservan los rasgos fisionómicos de una persona. Se trata de un propósito documental ante la eventualidad de la muerte. ¡Alerta! Nunca olvidemos que la imagen puede estar alterada por la disimulación o el enaltecimiento. Decía un embajador, “los pintores como los poetas son grandes amigos de amplificar”.
  2. Funcionan como sustitución temporal. Mientras el retratado está ausente (viaje, guerra, matrimonio en el extranjero, etc.) el retrato lo suple.
  3. Perpetúan la memoria del personaje tras su muerte.
  4. Sirven de ejemplos para la emulación. Son “espejos de príncipes” y, por extensión, del estamento privilegiado que representan.
  5. Testimonian una genealogía. La memoria se extiende al linaje, la familia. Estamos en una sociedad donde la individualidad (que acaba de cobrar un protagonismo inédito) también puede diluirse en colectivos.
  6. Activan Se establece una relación afectiva y vívida entre el espectador y el retrato (se lo protege, se lo guarda en cajas especiales, se lo exhibe en galerías o cámaras, etc.). Asumen funciones comunicativas y de relación.
  7. En tanto que artefacto cultural inserto en una cultura cortesana asume múltiples usos. Por ejemplo sirven de regalo en el contexto de la “cultura del don”. Diogo de Couto relata cómo Felipe II envía a Francisco Barreto un presente con su imagen: “…embiándoos un retrato de mi persona en una cadena, para que con ella me tengáis prezo todos los días de vuestra vida, para lo que os cumpliere”.
  8. Juegan un papel en función de intereses políticos. Joyas, vestidos, poses, emblemas y divisas, mobiliario, paisaje… Cada detalle del retrato se piensa para definir un mensaje. Y, como sucede hoy en día, también quedan grietas a través de las cuales podemos acceder a lo no dicho, lo no mostrado.

Fig.  3 Jacopo da Trezzo, Camafeo con el busto de Felipe II de España (verso), ca. 1559 – 1562. Museo degli Argenti (Florencia).

Fig.  4 Título: Pedro Perret, Retrato de Carlos de Austria, 1622. Biblioteca Nacional de España (Madrid).

Vamos a resumir todo lo dicho. El retrato de corte asume finalidades familiares y políticas y se inserta en un contexto de comunicación entre pares del mismo estado. El espectador originario del retrato de corte, hemos de recordar, pertenece siempre al mismo estamento del retratado; no es una imagen pública de difusión masiva con fines propagandístico (sí lo serán las monedas o los grabados, y por tanto utilizan códigos diferentes).

A estos usos y funciones consignados hemos de añadir la que consideramos función crucial desde nuestro punto de vista: el retrato de corte es una herramienta más en la construcción de la identidad estamental. Así, este artefacto cultural, tan en boga en la sociedad del Antiguo Régimen, coadyuva a la fabricación del Sí-mismo en relación a los Otros. Como dirían Esposito o Foucault, el retrato podría pensarse como un engranaje dentro dispositivo del poder.

Autor: Gerardo Rappazzo Amura

Guía oficial de turismo de Madrid Nº 654 

Fig.  5 Anónimo flamenco (s. XVI), Tapiz con la Presentación al Rey del retrato de su prometida, ca. 1500-1520. Proveedor: Jacques Seligmann & Co.

Fig.  6 Alonso Sánchez Coello, Miniatura con los retratos de Catalina de España e Isabel Clara Eugenia de España, ca. 1571-1577. Galleria degli Uffizi (Florencia).

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