Retrospectiva de Georgia O´Keeffe en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

El próximo 20 de abril se inaugura en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza la primera retrospectiva en España de Georgia O´Keeffe (1887-1986) que fue una gran figura del arte moderno estadounidense durante siete décadas.  Su fama estuvo asociada en la búsqueda de la esencia de la naturaleza donde la frontera entre abstracción y realidad parece haber desaparecido.

Los temas primordiales de O´Keeffe fueron los paisajes, las flores y los huesos que desarrolló en distintas series a lo largo de varios años.  En 1946 se convirtió en la primera mujer a la que el MoMA de Nueva York dedica una exposición individual. Su lenguaje abstracto de formas y líneas le valió el apodo de “madre del arte moderno norteamericano”.

Nacida en un pequeño pueblo de Wisconsin crece en una granja en el medio oeste, y desde muy niña supo que quería pintar y ser artista. Empieza su formación estudiando en el Art Institute de Chicago, y luego en el Art Students League de Nueva York, pero la enseñanza academicista la desmotiva; aunque aprovecha para conocer los movimientos vanguardistas europeos que se exponen en galerías neoyorquinas como la 291.

Por su situación económica se ve obligada a dejar sus estudios y trabajar como profesora de arte en Texas y Carolina del Sur.  Allí retomará los estudios de arte y conocerá las enseñanzas del artista Arthur Westley Dow (1857-1922) y su estilo comenzó a cambiar. Dow era un revolucionario que animaba a los artistas a expresarse utilizando la línea, el color y el sombreado armoniosamente. Creía que el arte debía ser una fuente de inspiración para todas las personas, participar de la vida cotidiana y no sólo un adorno para unos pocos privilegiados.

Estramonio.Flor Blanca nº1

La combinación entre su profunda intuición y una clara capacidad de abstracción le permitieron crear un repertorio de formas geométricas y orgánicas con las que alcanzó un éxito temprano cuando el galerista y fotógrafo Alfred Stieglitz expuso sus dibujos al carbón en la galería 291 de Nueva York.

A partir de 1917 comenzó a trabajar con el grupo de artistas que había reunido Stieglitz en su galería. Los pintores Charles Demuth, Arthur Dove, Marsden Hartley, John Marin y los fotógrafos Paul Strand y Edward Steichen. Estos últimos junto a Stieglitz inspiraron su forma de componer imitando las fotografías aumentadas. Su relación con Alfred Stieglitz trascendió lo puramente profesional, ya que se casaron unos años más tarde.

En 1924 realiza las primeras flores enormes que ocupan toda la superficie del cuadro y con las que la mayoría de las veces se verá asociada su pintura como si fuera un sello distintivo.  Hasta 1932 pinta más de doscientos cuadros de flores.

“…que esto sea una flor no quiere decir que no sea un sexo femenino…”, que es lo que machaconamente se ha dicho de las flores que pintó Georgia.  En el clima social de los años veinte, con un público neoyorquino simpatizante de Freud, sus flores desmesuradas con sus detalles de anatomía vegetal aumentados, se hacen sospechosas de implicaciones eróticas y sexuales.  También porque Stieglitz, que era su galerista antes de convertirse en su marido, se encargó de adelantar esa interpretación.  Y, por si no estaba claro, lo subrayó convenciendo a la pintora para que posara desnuda junto a sus propios cuadros, realizando una serie de fotografías muy célebre. No importa que la propia artista insistiera en que cuando pintaba una flor no pretendía hacer metáforas sexuales, sino recrearse en la experiencia de una visión aumentada de las formas y el color de una flor. Y de esta manera, acercarla al espectador para una observación detallada y detenida de la misma.

La magnífica vista que se contempla desde su apartamento en el piso número treinta del Hotel Shelton, incitará a la pintora a atrapar Nueva York en sus cuadros, también lo hará a ras de suelo, “…yo pinto Nueva York no como lo veo, sino como lo siento…”, decía.  Los artistas masculinos con los que se relaciona, la mayoría adscritos al “Precisionismo”, consideran los temas arquitectónicos y urbanos como su coto privado, y juzgan su idea de pintar Nueva York como una empresa imposible.

Rojo,amarillo y mancha negra

Ella, por el contrario, se lo tomará como un reto y el éxito le dará la razón, ya que venderá su primer cuadro de Nueva York el día mismo de la inauguración de la exposición al público.

En 1929 viaja por primera vez a Nuevo México, y ese encuentro será definitivo para el hallazgo de su hogar definitivo, de su arte y de su vida misma. En esos paisajes áridos invadidos de luz y color se producirá la simbiosis completa con la naturaleza que tanto buscaba, y que ya nunca abandonará. Sus obras semejan visiones místicas del desierto y la inconmensurabilidad del espacio que ve y siente, reflejados en sus colinas, sus cañones, los huesos de animales y las construcciones de adobe que forman el universo de sus paisajes.

En 2014 fue subastada su obra “Estramonio/Flor Blanca nº 1” (1932), y fue vendida por 45 millones de dólares; el precio más alto alcanzado nunca por una mujer artista.

¿TE LA VAS A PERDER?

Autor: Antonio Sánchez Lago. Guía Oficial de la Comunidad de Madrid.

Interesados en la visita de la exposición contactar en asl-1964@hotmail.com

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